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1. LUNES: MAÑANA, TARDE Y NOCHE

 

Ese lunes me levanté con desgano; sin embargo, me aferré a mi rutina diaria y salí al jardín a recoger los periódicos.  Me entretuve un momento en la entrada de la casa leyendo los titulares del día, pero fue la fecha, 11 de julio de 2011, la que atrajo mi atención.  Recordé que hacía exactamente seis meses celebramos los 15 años de Jóse, el menor de nuestros hijos.  Tomé el corredor y entré en su cuarto.  El edredón cubría su cuerpo adolescente y, por su respiración pausada, supe que estaba dormido, como lo había hecho casi todo el domingo.  Seguí mi camino en silencio.

Después de hojear los periódicos, me bañé y me vestí pensando en la reunión que tenía en unas horas. Sabía que de ella no iba a resultar nada bueno.  No quería ir pero tampoco podía cancelarla.  Después de anudarme la corbata, salí de la habitación.   Le dí un beso de despedida a Margarita y volví a entrar al cuarto de mi hijo, que aún dormía.  Me incliné para acariciarle la cabeza y le dije: “Adiós, Jóse.  Vengo en un rato para estar contigo”.  No me contestó.

Me incorporé al pesado tráfico de la mañana mientras escuchaba el disco que había preparado.  Cada vez encontraba más y más significado en la letra de las canciones.  Los vehículos avanzaban con lentitud.  Pasé comprando un café latté, como muchas veces lo hacía, quité el disco y sintonicé la radio.  El tema del día era Facundo Cabral, el cantautor argentino asesinado dos días antes en una de las calles de nuestra ciudad.  Una vez más Guatemala había sido noticia en los periódicos de todo el mundo y, como casi siempre, por las cosas más nefastas: corrupción, narcotráfico, delincuentes que matan por robar un teléfono celular y ahora esto: la muerte de Facundo, quien era considerado por miles de personas un mensajero de paz, alguien que le cantó siempre a la vida y al amor.

Escuché que el personaje que teníamos por presidente del país y su “eficiente” Ministro de Gobernación, se excusaban del “lamentable hecho” aduciendo que el ataque no iba dirigido al cantante sino a su acompañante, un tal Fariñas; cómo si eso ayudara a que no se nos considere un país de desalmados y asesinos.  La manifestación de algunos indignados salió retratada en los periódicos del domingo, pero no fue suficiente.  No cambió nada.

Entre uno y otro sorbo de café, mis pensamientos y preocupaciones iban de las palabras del comentarista a la salud de Jóse.  Esperaba que se recuperara como lo había hecho la semana anterior, cuando durmió durante más de dos días y despertó con nuevas fuerzas y energía.